Que en 2026 las ideas sigan siendo rebeldes,
que los golpes sean de suerte,
que las reuniones sean breves,
que el miedo juegue siempre de visitante,
y que el único riesgo intolerable sea no atreverse a construir el futuro.
Que, al cerrar el año, el resultado no se cuente en likes ni en facturas,
sino en sueños que dejamos de imaginar para empezar a vivir
con la certeza de haber sido protagonistas de nuestro propio destino.
J.K.